Amparo Minguet,
Vicepresidenta primera de la CNSE

Sin duda existe un precedente en la lectura que engloba todas esas historias de fantasía que nuestros padres, la televisión, el cine y/o el teatro nos transmiten o incluso la observación de la sabiduría y disfrute que a nuestros mayores les produce un libro.

Son historias, sensaciones que sabemos escritas aunque todavía no podamos acceder, por nuestra edad, leyéndolas. Por ello, la posibilidad de rememorar estas historias, de sentir esas emociones cuantas veces queramos mediante nuestra propia lectura es una doble motivación que es importante vivir en nuestra infancia.

Disponer de ese precedente y que llegue a tus manos el libro adecuado en el momento adecuado es lo que provocó mi afición a la lectura. Pero sin duda también influyó las personas que me enseñaron a leer. Todos hemos tenido algún profesor/a al que le debemos gran parte de nuestros éxitos escolares, en mi caso fue la persona que me regaló la lectura. Con ella pude reflexionar, construir, crear. Ella me acercó al mundo de las letras desde mis propias inquietudes. Conociendo mis intereses pudo enseñarme a leer de una manera tan natural y espontánea, que el trabajo que suponía reconocer y entender una lengua que no escuchaba se hizo más factible.

Las personas sordas necesitamos de la lectura para poder informarnos, para poder saber, pero ¿cómo despertar esta necesidad? A menudo tengo la oportunidad de conocer personas sordas clasificadas como “poco hábiles” para la comprensión lectora, sin embargo veo como día a día estas personas leen en TXT, algún periódico deportivo, alguna revista, leen un fax, leen una película subtitulada, leen una noticia relacionada con la Comunidad Sorda, un guión de teatro, leen las circulares de su Asociación, leen y leen a lo largo del día para poder decidir, participar, dialogar, gestionar, en definitiva ser autónomos, no obstante dentro de un aula, leyendo un texto en ocasiones más sencillo a veces son incapaces de dilucidar su contenido.

Es indudable que las oportunidades, en cuanto a nuestra práctica lectora de ahora son mucho mayores que las de antaño, pero aun así la motivación lectora sigue siendo un aspecto imprescindible. Leer tiene una finalidad, un significado. Aprender a leer, incluso para un niño sordo es un objetivo alcanzable; combinar letras, palabras, pronunciar bien, pero qué pasa una vez adquirida la técnica, quién nos enseña que la lectura es vida. Es aquí donde debemos emplear todos nuestros esfuerzos, en demostrar al pequeño sordo la importancia de la lectura y todo lo que nos aporta.

Veamos un ejemplo vivido en el aula con un adulto sordo:

El texto pertenece al libro ANACONDA de H.Quiroga, en concreto es uno de los capítulos finales que narra el plan de intervención en la guerra contra los hombres.

“ …la mayoría del Congreso se inclinaba a adoptar el plan de la culebra. Pero la inteligencia demostrada por la serpiente asiática había impresionado favorablemente al Congreso. El plan de la cobra real triunfó al fin.”

El alumno no entendía el significado del párrafo, se le explicó que las serpientes organizaban un Congreso para atacar a los hombres…pero el alumno siguió sin comprender y preguntó todos los significados de los vocablos que aparecían (inclinaba, inteligencia, impresionado, favorablemente, etc.)

En realidad no era un problema semántico sino un problema global de significado. La idea no tenía ningún sentido para el alumno, incluso desgranando cada vocablo, con una explicación adicional, la historia no era coherente, no aportaba nada, no creaba imágenes internas que despertaran la curiosidad.

Un texto como éste se emplea en la educación de adultos. Son lecturas para aprender español que en un principio nos ayudan a no utilizar los tan ridículos textos infantiles con adultos por la sencillez del lenguaje que emplean. Sin embargo si tenemos en cuenta que la persona sorda a la que nos referimos no ha tenido un precedente en el tema, ni el poso imaginativo, conceptual que supone esta información escrita, esta persona habituada a la realidad, no encuentra coherencia en esta historia y es aquí cuando empieza una odisea de sinónimos, de anotaciones, de explicaciones paso a paso, que conllevan a una sobre esfuerzo tal, que la lectura vuelve a convertirse en un objetivo inalcanzable y además tremendamente aburrido.

Y es que es imprescindible contar son los conocimientos lingüísticos previos del lector. Conocer sus intereses, su sapiencia en ciertos temas sin duda es una herramienta eficaz para trabajar la lectura. Estos conocimientos lingüísticos referidos no sólo al dominio de la lengua que está escrita sino a los que disponga en su lengua materna, son los que nos van a permitir sumergir a la persona sorda en el mundo de la lectura placentera.

Y es en este punto donde deberíamos reflexionar sobre la importancia de esta primera idea “el libro adecuado en el momento adecuado ” lograr que sobre todo en los inicios de la lectura, no sea el dominio del lenguaje lo principal, línea a línea, palabra a palabra, sino la historia, la globalidad, tu aportación a esa historia. Conocer al lector y lograr que se identifique con los personajes, con la situación, con el trasfondo, con las vivencias. Que la lectura signifique algo, que sea útil y permita asociar la información escrita con el propio conocimiento previo, en definitiva que se pueda usar las ideas que la historia revela.

Si obtenemos esa identificación, ese desahogo visual que proporciona una lectura placentera, indiscutiblemente lograremos el hábito lector en la persona sorda y es a partir de este hábito cuando podremos abordar lecturas más académicas y menos motivadoras.

Deberíamos normalizar la lectura y deslindar esa idea que clasifica a las personas sordas y sobre todo a los más pequeños como “lectores en dificultades”. Conseguir que la lectura sea sinónimo de autonomía, de participación, de información, de descubrimiento, de crecimiento, de disfrute es el único lenguaje adaptado que puede hacer que la persona sorda busque en las letras lo que no encuentra en los fonemas.

 

Amparo Minguet
Proyecto de fomento de la lectura entre la Infancia Sorda para profesionales de la cultura y la educación.
Fundación CNSE. Ultima actualización 23 de diciembre de 2003