Gonzalo Moure, Escritor de literatura infantil y juvenil, autor de "Palabras de caramelo"..

1. ¿Por qué Palabras de Caramelo?
Por lo que creo que se debe de escribir siempre: por necesidad. Necesidad de contar, necesidad de decir. "Palabras de Caramelo" es una parábola sobre el pueblo saharaui, pero es ante todo la suma del conocimiento y el deseo. Tuve hace siete años la suerte de conocer a una niña Sorda, doblemente marginada, por sorda y por refugiada, que sin embargo, y pese a no tener herramientas de comunicación (ni escritura, ni Lengua de Signos), tuvo poca dificultad para hacerse entender por mí. Y necesidad de decir que no hay nada que no se pueda conseguir con voluntad y con buenas razones para hacerlo. En el caso del protagonista de la novela, llegar a convertirse en poeta para poder expresar toda la belleza que percibe dentro de un pobre animal condenado irremediablemente al sacrificio.

2. ¿Cuál es tu relación con las personas Sordas?
La que he contado, principalmente. Al conocer a Fatimetsu me esforcé en conocer su mundo. Así encontré el libro "Veo una voz", de Oliver Sacks, que fue un cúmulo de descubrimientos. Si la necesidad hace virtud, la carencia puede desarrollar muchas virtudes. Darme cuenta de que la palabra es una adquisición relativamente reciente del hombre fue muy importante, porque me permite pensar en mí mismo y en los demás más allá de las palabras, o más al fondo: el Sordo tiene una relación más profunda, y no necesariamente más trágica, con la esencia humana. Y la Lengua de Signos no debe verse como una prótesis. Sacks, y Fatimetsu, me han enseñado que esa lengua es igual de válido para la comunicación, y en ocasiones más auténtica que la palabra hablada.

3. ¿En alguno de tus encuentros con los chicos y chicas en los colegios has tenido alguna experiencia con niños Sordos?
Sí, en muchas ocasiones. Y en no pocas de ellas con "Palabras de Caramelo" como libro de encuentro. Han sido experiencias de una gran emoción e intensidad, a veces contando con un intérprete de Lengua de Signos, y otras veces improvisando. No me resisto a contar una anécdota, aunque no sea de colegio.

Este verano estuve en un remoto país asiático. Al no conocer su lengua traté de recurrir a las señas, pero me encontré con que las señas naturales no son las mismas allí que aquí. Por ejemplo, nuestro gesto de beber allí significa fumar. Más allá de lo divertido, me fue imposible, por vez primera en mi vida, hablar con niños de otra cultura por señas. Hasta que en una feria vi a dos jóvenes comunicándose en Lengua de Signos. Me acerqué a ellos, les saludé... y pasamos más de una hora hablando: ellos, gracias a su disposición, me entendían y se hacían entender. Y es que el cuerpo habla. Entonces renové mi propósito de aprender la Lengua de Signos, para crecer, para convertirme en un ser humano más completo

4. La comunicación es un tema recurrente de tus novelas ("Maíto Panduro", "Palabras de Caramelo"...) ¿Por qué?.
Supongo que esa es la motivación más importante de un escritor, siempre. Recuerdo que en mi primera novela un niño lograba hablar con su padre... muerto. ¿Cómo? Apretando en su mano el tallo de un geranio que su padre había plantado antes de morir. Y conectando por tanto con toda la vida, con la raíz misma de la vida. Todos formamos parte de ella, y fabular sobre otras formas de comunicación es darle mejores oportunidades de desarrollo a la vida. En mi último libro, "El síndrome de Mozart" planteaba una pregunta sin respuesta aparente: por qué en el lenguaje natural del cuerpo, no el de los signos, es posible decir "no" con la mano, pero no se puede decir "sí". Ahora, trabajando en el guión de una posible película sobre la novela no he encontrado aún la respuesta, pero sí una reflexión sugerente: se dice "sí" sólo con la cabeza... acercándola al corazón. Tal vez en el pasado remoto, antes de la palabra hablada, se decía "sí" posando la mano sobre el corazón. Y sí, hay muchos más intentos en lo que escribo. En "Maíto Panduro" un niño gitano habla con su padre, que es analfabeto y está en la cárcel, con dibujos. El ser humano es comunicación, y nada, nada puede frenarla.

5. ¿Por qué leer?
Por lo mismo, aunque a la inversa. Porque no leer es incomunicarse, quedarse aislado. El libro es la mejor manera de formar parte del género humano sin diferencias de raza, religión o condición, sin diferencias de tiempo siquiera: entramos en comunicación con la civilización griega en cuanto abrimos "La Odisea", cuando la leemos no han pasado los siglos. Aprender a leer, no digo a juntar palabras, sino a leer en el sentido literario, es el más rentable de los esfuerzos del hombre. Ante el libro abierto, no hay diferencias, todos somos iguales.

6. Recomiéndanos un libro para niños y niñas.
Voy a recomendar uno que estará en la calle a finales de noviembre de este año: "El cazador de estrellas", con el que Ricardo Gómez acaba de ganar el premio Ala Delta. Me reconozco en él, en la línea de lo expuesto anteriormente: trata de un niño postrado en una "jaima" por una grave enfermedad, que a través de la lona de la tienda logra una intensa y emocionante comunicación con un anciano. Una parábola más sobre la comunicación y sus maravillosos, fecundos frutos.

Gonzalo Moure
Proyecto de fomento de la lectura entre la Infancia Sorda para profesionales de la cultura y la educación.
Fundación CNSE. Ultima actualización 23 de diciembre de 2003